prologo

Los soñadores compulsivos son aquellos que han logrado ir por la vida manteniendo con gran cintura el precario equilibrio entre la realidad real y la virtual, sin que ninguna le joda a la otra. Este espacio fue creado para drenar la testa de una de estas cabezas de chorlito, porque, como dijo el poeta:
"Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo"
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sábado, marzo 12, 2011

"¡Rompé, Casper!"

Si esto es una etapa, estaría bueno salteársela, pss. O dicho de otro modo, la luz que ilumina mi mundo está acabando con su herencia: ya no conforme con aniquilar sus pertenencias, ahora va por más y ha ampliado el círculo de destrucción para abarcar las del resto de la familia. Decí que somos tres, nomás.
Fue un sábado a la tarde. Estaba mi sexy nueva mascota recargándose tranquilamente en lo alto de una repisa, cuando el cable del cargador se lanzó al vacío en un salto bungee que lo dejó justo al lado del pequeñuelo. El Marqués pensó: "Ese cable está justo al alcance del nene", pero sólo alcanzó a articular: "Ese cab..." La siniestra diestra de mi vástago fue más rápida que mamá y papá, y mi pobre smartphone fue estrellado de jeta contra el piso, desde un metro ochenta de altura. Sí, de jeta:


Sin palabras.

jueves, noviembre 25, 2010

“Vacaciones” se escribe con V de Vendetta

Yo no se qué ha pasáu, si me desapareció el fondo o qué, después de la reparación de mi máquina, no lo veo. Buah, más tarde lo cambio, ahora a lo que vine.
Ayer, finalmente, tuve una salida de vacaciones (y colijo que será la única que tendré: gasté la primera semana yendo de acá para allá llevando a reparación mis aparatos, y usaré la tercera para trámites que incluyen a Casper que, dicho sea de paso, está que le rechifla el moño, pero eso es otra historia). Me levanté tempranito, preparé los pertrechos de madre e hijo. Padre no quiso ir y no me animé a una aventura “just us” y convoqué a mi mami, y en cuanto arribó, rajamos.
Fuimos derechito a la terminal, y como teníamos bien claro a dónde queríamos llegar, creímos que esta vez zafaríamos de un viaje largo, tortuoso e interminable, como todas las otras veces... error. Nos tomamos el primer ómnibus que salió, porque “total, estamos paseando”... craso error. Nos dejó bien lejos de nuestro destino y decidimos pedir indicaciones a la gente... gravísimo error. Para hacerla  corta, después de dos subtes, un tren mal tomado (gracias, boletero, ¬¬) un colectivo con un cartel que dice que va y NO VA (el 71) y otro colectivo tomado en la Panamericana, cuatro horas después de salir, llegamos... para descubrir que el bondi que no habíamos querido esperar al principio nos dejaba en la puerta. Elegimos reírnos. El paseo en sí fue maravilloso. Si hay un lugar al que ir, engordar los ojos y dejar el sueldo, ese es. Mi devoción por las construcciones ayudó a que se me piantara un lagrimón. A la hora de partir creí que tendrían que despegarme de la puerta con una barreta. Pero había que volver.
Y yo sabía lo que me esperaba en casa: el Marqués tiene un talento especial para echar a perder con su cara de culo cualquier final de día en que una hizo algo para sí misma, paseo o lo que fuese, y ayer no fue la excepción. Además, antes eran sus celos, ahora parece haber encontrado en Casper la excusa perfecta para fastidiar: “que seguro que no comió, que seguro que estuvo al sol, que seguro que lo descuidaste”. (A Seguro se le llevaron preso y a vos te voy a llevar de vuelta a lo de tus papás, sabelo). Anticipándome, hice público que a la noche le sacudiría una piña en la nuca. Y lo hice, y he aquí la razón del título. Bueno, no literalmente, no porque le tenga miedo (¿no es obvio que no?), sino porque a ver si todavía lo golpeaba mal, ¿cómo lo convencía de llevarlo a la guardia? Así que como mala, mala que soy, le di donde realmente le dolería: Hace un rato ya que el señor anda soñando con la Play 3. Y estamos jugando al tetris con las finanzas para poder hacerlo realidad. Así que, una vez arropadito, le solté la trompada:
“Había una tienda Sony” (chamuyo, si había no la vi, y si la vi no la recuerdo) 
Punch...
“Tenían todo armadito, la Play 3 con un Bravia y todo, no sabés qué lindo se ve” (podía seguir inventando, total, no quiso ir)
Paf, paf, punch...
 “Y casi me vuelvo con una tarjeta de crédito. Me daban 20% de descuento en las primeras compras” (eso es verdad, pero a esta altura, ¿qué importa? igual le mostré el folleto)
Punch, punch, paf, paf, punch, punch!
No dijo nada, sus ojos desmesuradamente abiertos hablaron por él. Me dormí como una marmota, hubo una pausa para atender a Casper y luego me desperté y me encontré con el desayuno preparado. Sí, ni yo lo creía.
Que siga soñando. Y yo también. Ya nos volveremos a ver. Mientras tanto, he aquí una foto del paisaje

Eso sí: la próxima voy en auto.

martes, agosto 24, 2010

viernes, enero 29, 2010

Paraguas Contreras



A veces me siento como este cartel, llevando la contra a mi alrededor. No hay que malinterpretar: no cuento chistes en funerales, pongo por caso, pero a veces me siento muy turula por no seguir la corriente... Como hace un par de días: nueve de la mañana, hacía un calor que eran dos, la calle olía a eau de sudor, parfum de tabac y otros aromas de los que ya he hablado, mi santo varón y yo obligados a deambular en pleno sol, con un hermoso paraguas sobre nuestras cabezas. Sí, dije paraguas. ¡Y qué menos podía hacer! Con tanto sol no había gorrito que alcanzara, de manera que tuve que optar por cubrirlo por completo, con un artículo para la lluvia. De más está decir las miradas de "Loca" en las caras de la gente, y la mía, bien coloradita. Ante tal panorama tenía dos opciones: 1) cerrar el paraguas, esconderlo en el bolso y tratar de ir por la sombra (así dejaría de soportar la inocultable, inaguantable e insaciable curiosidad ajena); 2) aguantármela. Miré a mi Muchachín hacer sus acostumbrados pucheritos dormidito (siempre se duerme en la mochila canguro) y miré a mi alrededor... gente lo menos vestida posible con las cabezas desnudas pululaban como hormigas al sol en todas direcciones, y solo pude preguntarme cuántos de ellos podrían tenderse de espaldas esa noche, quiénes tendrían plantas de aloe vera a las que arrancar hojas para aliviar el ardor, cuáles caerían en sus camas al día siguiente por tomar agua helada o bañarse recién llegados de la calle... y un laaaaaargo etcétera. Y decidí que tenía una tercera opción: mandar a mi Alrededor a freír churros, y hacer lo que se me cante, lo mejor que me saliera. Y así seguimos, mi peque y yo, hasta llegar a destino, si los demás querían morir fritos, era su problema, nosotros estuvimos a salvo a la sombra de un octógono regular hecho para la lluvia. Y agregué otro ítem a la lista "no salir de casa sin": el paraguas (nota: dejar en casa cuando llueve).