prologo

Los soñadores compulsivos son aquellos que han logrado ir por la vida manteniendo con gran cintura el precario equilibrio entre la realidad real y la virtual, sin que ninguna le joda a la otra. Este espacio fue creado para drenar la testa de una de estas cabezas de chorlito, porque, como dijo el poeta:
"Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo"
Mostrando las entradas con la etiqueta Casper el señor de los pucheros. Mostrar todas las entradas
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lunes, septiembre 19, 2011

un cambio

Existe un momento en la vida en que es necesaria una evolución, una reevaluación de lo que se daba por sentado y salir en busca de lo nuevo y desconocido. Puede considerarse esto como crecer. Bueno, el que ha crecido, y no precisamente filosóficamente, es Casper. Está al caer su segundo cumpleaños. así que me parece que se ganó una recategorización y un cambio de tag. Si tendrá un nuevo nombre o no, aún no lo decido. Lo más probable es que sí. Hasta entonces, este será el posteo bisagra de su etiqueta. Y creo que con esta me quedaré. Digo, todavía es un bebé, pero uno demasiado grande para tener apodo de bebé.

lunes, febrero 28, 2011

requiem para una mamadera


Quienes hayan leido mi descripción saben que No soy fan ni del "Torturador de niños" ni de la "Torturadora de madres", pongo por caso. En materia de bebés, el único personaje del cual me declaro fanática es el hipopotamito supertierno de cierta marca de puericultura, y de su mamá hipopótama.
No hace mucho decidí renovar el stock de biberones, porque los de Casper: 1) le quedaron chiquititos, 2) ya estaban gastaditos (y daban vergüencita).
Sabido es también el tema del bisphenol-a. Se juntaron las tres cosas y ¡Bingo! El producto perfecto. Esa, por ser la vedette de las nuevitas, sería para la leche. Lástima que no tuve en cuenta un insignificante detallecito: la razón del calamitoso estado de las memas jubiladas que no es otra que la afición de Casper de hacer daño a cualquier objeto, inanimado o no, que caiga en sus garritas. Un día cualquiera, mientras tomaba el desayuno y sin decir "mamadera va", el susodicho la dejó caer desde 90 cms de altura (en realidad creí ver que la revoleó con toda la fuerza de su manita con hoyuelos a la par que exhibía una sonrisa de malevolencia con todo y cejitas levantadas, pero le daré el beneficio de la duda). Al mismo tiempo unos testigos llamaron a mi puerta. La levanté, la puse en la mesada para lavarla, tomé al niño, despaché a los incordios con celeridad (bueno, con toda la que se puede sin recurrir a la grosería, después de todo, los tipos saben dónde vivís, y andá a saber...) y cuando volví, horror de horrores, un charco blanco rodeaba a la mema del hipopotamito. Tenía una irremediable rajadura ahí donde terminaba la base celeste y empezaba el cuerpo. Estaba herida de muerte, después de sólo dos semanas de uso.
¿Así que no quería tener cosas bonitas? Perfecto. De ahora en más compraré en el bolishopping, ¡qué joder! Y del bisfenol, que lo cuide su abuelita. Mi mami o mi suegra, lo mismo da.
¿Y la mema? Fue canibalizada. Así es, no todo estuvo perdido. Usé las partes sanas en otra. Nada se pierde, todo se transforma. Si no fuera tan mala jardinera, haría una linda macetita de cactus con el cuerpo. Pero capaz que se seca. No, dejá. Escucho sugerencias.

miércoles, septiembre 22, 2010

countdown Casper

Pronto se cumplirá un año de su llegada. Un año que pasó muchísimo más rápido que las 37 semanas del embarazo. Embarazo que no se pareció en nada a la película que me habían contado: no fue el estado más maravilloso, ni me sentí más plena, ni quise que durara para siempre, ni, menos que menos, pensaba reincidir (y que se olvide de tener un hermano hasta que aprenda a bañarse solo), en especial después de estar con el corazón en la boca hasta, literalmente, el último segundo. La espera duró AÑOS y se acabó cuando lo tuve en brazos, ni un segundo antes.
Lo amé, lo amo, lo amaré. A sus pestañas de señorita. A sus dientes serrucho que iluminan mis amaneceres. A su intolerancia a la palabra "no". Y a cada uno de sus abominables, tremebundos y ruidosos gases. Hasta la locura, y de vuelta.

viernes, julio 02, 2010

Servicio de lavandería

Bueno, no se si he llegado a los cinco posts que había prometido, pero hay una catarsis que realmente necesito hacer.
Todo empiezó ayer a la mañana, bien tempranito. Bah, en realidad, se venía gestando hacía bastantes días. Debido a mi trabajo, el resto del tiempo hago dedicación casi exclusiva (mis incursiones en redes sociales y demás las hago con mi retoño en el regazo), por lo que ya tenía un cumulonimbus parecido a este de ropa sucia. La diferencia con respecto al día de ayer fue que ya no tenía qué ponerme. Y no es una frase dicha sin pensar (o después de mucho pensar) frente a un placard repleto, no señor. Es literal. Se me había acabado la ropa limpia. De hecho ya no tenía, siquiera, ropa sucia que pareciera limpia. De manera que me levanté antes que el gallo del vecino y calenté agua para poder empezar atacar la pila que desbordaba en precario equilibrio ASAP (as soon as possible).

miércoles, junio 02, 2010

¿Durmiendo? con los enemigos

Mientras armo mi próximo megapost en cómodas cuotas, me gusta desviar la atención, un poco para despejarme, otro poco para que no se me congelen los dedos con este frío polar. El problema estaba en que, digamos, se me habían apagado los sistemas. Explico: siguieron sucediendo cosas, pero, de pronto, ya no sabía cómo contarlas, ¡con solo decir que ya ni sueños tenía!
Después de varios días, anoche, por fin, encontré el problema: ni más ni menos que can-san-cio, lo que no significa que por ser algo común sea de fácil solución. A ver, a ver:
Desde que decidimos romper la tradición de nuestros respectivos padres fundadores y vivir en alegre consorcio sin consorcio, el marqués de Miramey Nometoques y su no-consorte dormían en un colchón de lana de plaza y media, él en un rollo de frazadas cual capullo de mariposa monarca, ella castañeteando los dientes, hasta que la marquesa se cansó de otear la lontananza buscando atisbos del sommier prometido (y de dar vuelta el fáquin colchón de lana todas las mañanas), rompió el chanchito y fue en busca de una cama más grande. Si bien siguió peleando por un poco de mantas, por lo menos tendría más lugar. Y así siguió el (literal) tira y afloje, y cuando parecía que no podría ser peor, faltaba alguien...

(pausa aclaratoria: Por más que los hechos me contradigan, estuve, estoy y estaré siempre en contra de que un bebé, el mío, duerma con sus padres, nosotros, especialmente desde el incidente que le dio a Casper su sobrenombre. pero después de meses de dormirme con él en su cuna y despertarme con él en mi cama, me rindo,¬¬ por ahora. Sí, me dirán que despertar y ver su carita primero que nada no tiene precio... sí lo tiene, es este: )

Todo empieza cuando el niño se rehusa a dormir, en el lugar que sea. Parece el "mostro" de Cloverfield: se retuerce, da unos alaridos abominables (en cualquier momento tengo un asistente social golpeando a mi puerta...), te mastica, destruye cuanto tiene a su alcance, sin el menor respeto por nada, todo esto mientras se CAE de sueño. Cuando por fin se entrega a los brazos de Morfeo (este no), al consabido forcejeo ahora se le suma la cantata de ronquidos sincronizados de padre e hijo, ¡flamean las cortinas al compás del dueto! De todos modos, he hecho de esta parte casi una canción de cuna. Por primera vez me duermo. No durará mucho: Casper (sin dejar de dormir) me despertará (sólo a mí) con un aullido que, por lo tremebundo, merece ser explicado: Imaginemos un torno de dentista, en estéreo, amplificado, a milímetros de nuestra oreja... ¿lo tienen? Más exacto imposible. ¿El motivo? ¡El que sea! Por lo general reclama teta de trasnoche, pero otras veces quiere conversar (dormido), pasear (dormidito y a upa), o una reubicación (dentro de los límites de la cama, obvio, dormido pero no bolú...). Satisfecha la demanda, volveré a pegar los ojos hasta que a mi retoño se le ocurra explayar su exigua humanidad cruzado a 90 grados en la otrora espaciosa cama. El problema es que, según su último control, mide el 50 % del ancho del colchón, lo que dejará 35 centímetros para cada padre. Medio dormida y a tientas intentaré enderezarlo y taparlo... Imposible, el tipito estará fenómeno, y no tendrá el menor interés en adoptar una posición como Dios manda. Seguirá durmiendo así y despertará fresco como una lechuga, listo para seguir creciendo, y regalándome una sonrisa que me hará pensar "Y bueno, es chiquito".
... y así toda la noche, todas las noches. Lo que me causa gracia de todo esto no es que, seguramente, seguirá amaneciendo en el medio de la cama hasta que los pies le sobresalgan fuera del colchón, o que, por el contrario, decida irse motu proprio a dormir solo y luego su madre extrañe todo esto (¿incoherente, yo? ), lo que, de verdad, me hace reír(me de mí misma) es que haya tantas mamás que duermen con sus bebitos porque es la única manera en que ellas puedan descansar. ¡'jame de joder!
Y ahora me voy. Tengo qu..ZRONK ZZZZZZZZZ ZRONK ZZZZZZZZZ

domingo, marzo 28, 2010

¡Medio año juntos!

Este post está dedicado a mi pequeñuelo. Hoy cumple seis meses soportando mis hostigamientos de primeriza (extrauterinos, porque si nos ponemos a contar bien... ¡me quitan la patria potestad!, como breve ejemplo, me pasé el final del embarazo comiendo azúcar, para que se moviera, pobre ángel mío, bailaba la conga en el monoambiente; pero eso fue antes de la fáquin cesárea). O sea que solo le faltan diecisiete años y seis meses para seguir soportando mis crueles mandatos. Quiero darle las gracias por soportar estoicamente las cambiadas de pañal sonámbulas, las luchas contra los moquitos en su primer resfrío, las obsesivas limpiezas de oreja, que a veces le hable como boba, y tantas otras cosas, y pedirle que me perdone por la vez que le toqué la fontanela, por las veces que lo dejo solo en la cuna para ir al baño (por lo menos, de ahí no se va a caer), por la vez que se me cayó el mordillo y no lo lavé, por los apodos ridículos... en fin, por un montón de cosas más que, en estos momentos, no recuerdo. Y, por supuesto, darle las gracias por haber, finalmente, llegado. Se hizo rogar, pero la espera valió la pena. ¡Te amo, mi reyecito!

viernes, enero 29, 2010

Paraguas Contreras



A veces me siento como este cartel, llevando la contra a mi alrededor. No hay que malinterpretar: no cuento chistes en funerales, pongo por caso, pero a veces me siento muy turula por no seguir la corriente... Como hace un par de días: nueve de la mañana, hacía un calor que eran dos, la calle olía a eau de sudor, parfum de tabac y otros aromas de los que ya he hablado, mi santo varón y yo obligados a deambular en pleno sol, con un hermoso paraguas sobre nuestras cabezas. Sí, dije paraguas. ¡Y qué menos podía hacer! Con tanto sol no había gorrito que alcanzara, de manera que tuve que optar por cubrirlo por completo, con un artículo para la lluvia. De más está decir las miradas de "Loca" en las caras de la gente, y la mía, bien coloradita. Ante tal panorama tenía dos opciones: 1) cerrar el paraguas, esconderlo en el bolso y tratar de ir por la sombra (así dejaría de soportar la inocultable, inaguantable e insaciable curiosidad ajena); 2) aguantármela. Miré a mi Muchachín hacer sus acostumbrados pucheritos dormidito (siempre se duerme en la mochila canguro) y miré a mi alrededor... gente lo menos vestida posible con las cabezas desnudas pululaban como hormigas al sol en todas direcciones, y solo pude preguntarme cuántos de ellos podrían tenderse de espaldas esa noche, quiénes tendrían plantas de aloe vera a las que arrancar hojas para aliviar el ardor, cuáles caerían en sus camas al día siguiente por tomar agua helada o bañarse recién llegados de la calle... y un laaaaaargo etcétera. Y decidí que tenía una tercera opción: mandar a mi Alrededor a freír churros, y hacer lo que se me cante, lo mejor que me saliera. Y así seguimos, mi peque y yo, hasta llegar a destino, si los demás querían morir fritos, era su problema, nosotros estuvimos a salvo a la sombra de un octógono regular hecho para la lluvia. Y agregué otro ítem a la lista "no salir de casa sin": el paraguas (nota: dejar en casa cuando llueve).

sábado, enero 16, 2010

No quiero perderme nada

No sé si conté que, desde hace tres meses, soy mamá. A pesar de haber esperado durante años esta etapa de mi vida con, entre otros sentimientos, ilusión y esperanza primero y desesperación muda después, mi desempeño en esta nueva función es, como mínimo, desastroso y para muestra vaya este botón: todas las noches me duermo viendo a mi retoño dormido en su cunita, y todas las mañanas amanece a mi lado, en la cama grande. Esto no representaba trastorno alguno, hasta hoy que descubrí, para mi horror, que el cruce de los barrales de ositos que la adornan estaba salido de lugar, como si hubiese sido empujado desde abajo. La conclusión evidente: fue la cabeza de mi ángel. Así que se acabó lo que se daba, cuando por fin empezaba a bajar la guardia y dejar de despertarme cincuenta veces por hora para ver si respiraba y en una de esas encontrármelo en mis brazos. Pero no importa, todo sea por su bien. Al menos, con este calor, no va a quedar como aquella vez, en que yo estaba con el sueño especialmente pesado y a mi chico (el orgulloso papi) lo despertó un "buuuuu" risueño. Entreabrió los ojos y se despertó del todo del susto: frente a él, un fantasmita agitaba los bracitos y repetía "buuuu". Un instante después, ya lúcido, se dio cuenta de dos cosas: el fantasmita no era otro que el bebé tapado hasta la cabeza; y andaba con ganas de conversar a las dos de la mañana. A duras penas consiguió llevarlo hasta la cuna... a la mañana volvió a aparecer en la cama. Y buaaaah...nas nochies (qué va a ser...).