prologo

Los soñadores compulsivos son aquellos que han logrado ir por la vida manteniendo con gran cintura el precario equilibrio entre la realidad real y la virtual, sin que ninguna le joda a la otra. Este espacio fue creado para drenar la testa de una de estas cabezas de chorlito, porque, como dijo el poeta:
"Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo"

domingo, diciembre 19, 2010

¡Jo jo jo! ¡¡¡Jodida Navidad!!!

Si esperaban un posteo con toda la buena onda navideña, definitivamente no. Aún recuerdo con cariño armar el pesebre: llegamos a tener 24 ovejas, todos los años comprábamos varias con ilusión. Pero mucha agua ha corrido bajo el puente. De un tiempo a esta parte he ido perdiendo todo entusiasmo posible, de la misma forma que se han ido perdiendo las ovejas del pesebre.
Creo que empezó por aquel lugar común de la infancia: "Cuando sea grande..." Muchas veces imaginaba mis navidades y años nuevos de joven adulta: Brindar en familia a las doce y a la una menos cuarto, a más tardar, rajar a algún lugar divertido. Divertido en serio, aún al costo de viajar como en autito de payaso. Cualquiera que haya pasado las fiestas con el carnaval carioca y las baladas de Quique Villanueva como música de fondo sistemáticamente cada jodidísimo diciembre puede entender de qué hablo.
Otro punto conflictivo: los regalos. Hay infortunados que no hemos sido bendecidos con el don de la oportunidad regalera. No es mala voluntad, no tienen idea de cuánto se sufre recorriendo escaparates con la mente completamente en blanco. Quedamos mal en cumpleaños, día del Padre, de la Madre y del Niño, pero en Diciembre molesta el triple. Y hacemos quedar mal al Niño Dios (¿Papanuel? ¿Cuál papá Nuel?).
¿Y para qué hablar de las ilusiones, deseos y propósitos para el año nuevo, que se mantendrán, como máximo, hasta el 8 de enero, cuando los metamos junto con el arbolito, guirnaldas, luces y bolas de adorno en una caja (por lo general, la del árbol) demasiado pequeña para tanta parafernalia y los arrumbemos en un rincón donde, olvidados, acumularán polvo durante 11 meses?
Ay, malaya... para qué hablé de las luces... recuerdo aquellas con música, y qué hijo de su r3Pu7í5¡m@ madre las habrá inventado. Era IM-PO-SI-BLE apagarles la jodida musiquita, amén de su predecesor, el recontra hijo de una legión de r3Pu7@s creador de las tarjetas musicales. Sí, son muy tiernas, hasta que a los abuelos Jay-Oh (estos no, los otros) se les ocurre armar un arbolito de dos metros treinta (era tan grande que con puntal no entraba dentro de la casa), con tres de ESAS luces y colgarle como adornos ESAS tarjetas... y después te dicen: "Quedate a dormir y volvés a tu casa mañana, que es feriado (olvidé mencionar que ellos lo arman el 7)" Y no desenchufan el Pu70 árbol en toda la noche ¬¬
Pero bueno, ahora todo ha cambiado. Hace siete años que, sistemáticamente, paso la nochebuena en casa de mis suegros (sólo hubo un año, a último momento, el Marqués se enojó y terminamos solitos mi alma en casa). He cambiado a Quique Villanueva por Julio Iglesias. Mátenme.
"Cuando sea grande..." sólo quedó en un sueño de niña. A la una menos cuarto, me preparo para irme... a dormir. ¡Y esto no tiene NADA que ver con Casper, eh! Esto ha sido así siempre. Al menos, desde hace siete años. No me llevo mal con ellos, todo lo contrario, pero... ¡¡¡Hello!!! YO TENGO UNA FAMILIA TAMBIÉN, y estamos desperdigados pero no lejos, nos vemos poco, y nos queremos, y nos extrañamos.
Ah, pero esta es la última Navidad que me jode, he planeado algo para que nadie de ellos la olvide jamás... porque, ni bien suene el batifondo de cohetes, y luego del chin-chin, cuando todos estén de lo más contentos mirando la pirotecnia, diré frente a toda la parentela política las tres palabras mágicas del trailer de "Un novio para mi mujer".
O tal vez no. Tal vez siga siendo tan cobarde como hasta ahora. Pero no me hablen de sueños ni propósitos, porque no tengo ninguno. En este último caso, me iré apartando unos cuantos champús y varios cajones de cerveza stout, no sea cosa que estas fiestas también me encuentren tan sobria como para recordarlas...

martes, noviembre 30, 2010

Películas con olor a tipo

Antes que nada, ¿Recuerdan lo cruel que puedo llegar a ser? Me quedó la duda, no podía ser que no hubiera, y fui a averiguar si podía salir indemne de mi discurso superchamuyero y… Fíjense que sí :). No sea cosa que al Marqués le de por sacarse la espinita que le he clavado (que ya anda con ganitas) y se mande de una y sinmigo (ahí no hay vendetta, ahí directamente LO-MA-TO, al resto del mundo puede ir solo o acompañado por quien se le cante), qué joder.

Hecha la aclaración, arrancamos: todo comenzó con una injusticia, cometida para reparar otra injusticia. Me refiero, en concreto, a los Oscar: ¿Alguien me puede explicar en qué sentido “The hurt locker” (bodrio infumable proyanqui) es mejor película que “Sector 9” (simbiosis de apartheid y ciencia-ficción) o “Avatar” (una patada en la retaguardia de la invasión a Irak)? Y eso son sólo las que yo vi (¿“Preciosa”? dejame de joder, para amarga ya está la vida). Además, la dirigió una mujer, putéenme si quieren, pero la ecuación mina+película de guerra no me cuadra: ¿Alguien vio “K-19, el hacedor de viudas”? ¿Saben quiénes protagonizaron “Valor bajo fuego”? Con una mano en el corazón... ¿les gustó “G.I. Jane”? Si respondieron “no”, ya me comprenden, si tuvieron que googlear, también. Yo tengo mi teoría: tenían que reparar el haberle dado a Titanic (del mismo director de “Avatar”) la estatuilla que no merecía (rubros técnicos nadie discute, incluso mejor director, pero usar tamaña cantidad de excelentes recursos al servicio de una historia pedorrísima fue, como mínimo, pecado), arrebatándosela años después (el circo despiadado de Ben Stiller fue innecesario, fue patear a alguien que estaba en el piso, a sabiendas. Cero gracia nos hizo al Marqués y a mí). Ahora bien, dejemos de lado a James Cameron porque la intro ya es larguísima, yo no soy Axl Rose y esto es un teclado de computadora, no un piano de cola. Y yo estaba pensando en otra injusticia cinematográfica:

jueves, noviembre 25, 2010

“Vacaciones” se escribe con V de Vendetta

Yo no se qué ha pasáu, si me desapareció el fondo o qué, después de la reparación de mi máquina, no lo veo. Buah, más tarde lo cambio, ahora a lo que vine.
Ayer, finalmente, tuve una salida de vacaciones (y colijo que será la única que tendré: gasté la primera semana yendo de acá para allá llevando a reparación mis aparatos, y usaré la tercera para trámites que incluyen a Casper que, dicho sea de paso, está que le rechifla el moño, pero eso es otra historia). Me levanté tempranito, preparé los pertrechos de madre e hijo. Padre no quiso ir y no me animé a una aventura “just us” y convoqué a mi mami, y en cuanto arribó, rajamos.
Fuimos derechito a la terminal, y como teníamos bien claro a dónde queríamos llegar, creímos que esta vez zafaríamos de un viaje largo, tortuoso e interminable, como todas las otras veces... error. Nos tomamos el primer ómnibus que salió, porque “total, estamos paseando”... craso error. Nos dejó bien lejos de nuestro destino y decidimos pedir indicaciones a la gente... gravísimo error. Para hacerla  corta, después de dos subtes, un tren mal tomado (gracias, boletero, ¬¬) un colectivo con un cartel que dice que va y NO VA (el 71) y otro colectivo tomado en la Panamericana, cuatro horas después de salir, llegamos... para descubrir que el bondi que no habíamos querido esperar al principio nos dejaba en la puerta. Elegimos reírnos. El paseo en sí fue maravilloso. Si hay un lugar al que ir, engordar los ojos y dejar el sueldo, ese es. Mi devoción por las construcciones ayudó a que se me piantara un lagrimón. A la hora de partir creí que tendrían que despegarme de la puerta con una barreta. Pero había que volver.
Y yo sabía lo que me esperaba en casa: el Marqués tiene un talento especial para echar a perder con su cara de culo cualquier final de día en que una hizo algo para sí misma, paseo o lo que fuese, y ayer no fue la excepción. Además, antes eran sus celos, ahora parece haber encontrado en Casper la excusa perfecta para fastidiar: “que seguro que no comió, que seguro que estuvo al sol, que seguro que lo descuidaste”. (A Seguro se le llevaron preso y a vos te voy a llevar de vuelta a lo de tus papás, sabelo). Anticipándome, hice público que a la noche le sacudiría una piña en la nuca. Y lo hice, y he aquí la razón del título. Bueno, no literalmente, no porque le tenga miedo (¿no es obvio que no?), sino porque a ver si todavía lo golpeaba mal, ¿cómo lo convencía de llevarlo a la guardia? Así que como mala, mala que soy, le di donde realmente le dolería: Hace un rato ya que el señor anda soñando con la Play 3. Y estamos jugando al tetris con las finanzas para poder hacerlo realidad. Así que, una vez arropadito, le solté la trompada:
“Había una tienda Sony” (chamuyo, si había no la vi, y si la vi no la recuerdo) 
Punch...
“Tenían todo armadito, la Play 3 con un Bravia y todo, no sabés qué lindo se ve” (podía seguir inventando, total, no quiso ir)
Paf, paf, punch...
 “Y casi me vuelvo con una tarjeta de crédito. Me daban 20% de descuento en las primeras compras” (eso es verdad, pero a esta altura, ¿qué importa? igual le mostré el folleto)
Punch, punch, paf, paf, punch, punch!
No dijo nada, sus ojos desmesuradamente abiertos hablaron por él. Me dormí como una marmota, hubo una pausa para atender a Casper y luego me desperté y me encontré con el desayuno preparado. Sí, ni yo lo creía.
Que siga soñando. Y yo también. Ya nos volveremos a ver. Mientras tanto, he aquí una foto del paisaje

Eso sí: la próxima voy en auto.