prologo

Los soñadores compulsivos son aquellos que han logrado ir por la vida manteniendo con gran cintura el precario equilibrio entre la realidad real y la virtual, sin que ninguna le joda a la otra. Este espacio fue creado para drenar la testa de una de estas cabezas de chorlito, porque, como dijo el poeta:
"Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo"

sábado, marzo 12, 2011

"¡Rompé, Casper!"

Si esto es una etapa, estaría bueno salteársela, pss. O dicho de otro modo, la luz que ilumina mi mundo está acabando con su herencia: ya no conforme con aniquilar sus pertenencias, ahora va por más y ha ampliado el círculo de destrucción para abarcar las del resto de la familia. Decí que somos tres, nomás.
Fue un sábado a la tarde. Estaba mi sexy nueva mascota recargándose tranquilamente en lo alto de una repisa, cuando el cable del cargador se lanzó al vacío en un salto bungee que lo dejó justo al lado del pequeñuelo. El Marqués pensó: "Ese cable está justo al alcance del nene", pero sólo alcanzó a articular: "Ese cab..." La siniestra diestra de mi vástago fue más rápida que mamá y papá, y mi pobre smartphone fue estrellado de jeta contra el piso, desde un metro ochenta de altura. Sí, de jeta:


Sin palabras.

lunes, febrero 28, 2011

requiem para una mamadera


Quienes hayan leido mi descripción saben que No soy fan ni del "Torturador de niños" ni de la "Torturadora de madres", pongo por caso. En materia de bebés, el único personaje del cual me declaro fanática es el hipopotamito supertierno de cierta marca de puericultura, y de su mamá hipopótama.
No hace mucho decidí renovar el stock de biberones, porque los de Casper: 1) le quedaron chiquititos, 2) ya estaban gastaditos (y daban vergüencita).
Sabido es también el tema del bisphenol-a. Se juntaron las tres cosas y ¡Bingo! El producto perfecto. Esa, por ser la vedette de las nuevitas, sería para la leche. Lástima que no tuve en cuenta un insignificante detallecito: la razón del calamitoso estado de las memas jubiladas que no es otra que la afición de Casper de hacer daño a cualquier objeto, inanimado o no, que caiga en sus garritas. Un día cualquiera, mientras tomaba el desayuno y sin decir "mamadera va", el susodicho la dejó caer desde 90 cms de altura (en realidad creí ver que la revoleó con toda la fuerza de su manita con hoyuelos a la par que exhibía una sonrisa de malevolencia con todo y cejitas levantadas, pero le daré el beneficio de la duda). Al mismo tiempo unos testigos llamaron a mi puerta. La levanté, la puse en la mesada para lavarla, tomé al niño, despaché a los incordios con celeridad (bueno, con toda la que se puede sin recurrir a la grosería, después de todo, los tipos saben dónde vivís, y andá a saber...) y cuando volví, horror de horrores, un charco blanco rodeaba a la mema del hipopotamito. Tenía una irremediable rajadura ahí donde terminaba la base celeste y empezaba el cuerpo. Estaba herida de muerte, después de sólo dos semanas de uso.
¿Así que no quería tener cosas bonitas? Perfecto. De ahora en más compraré en el bolishopping, ¡qué joder! Y del bisfenol, que lo cuide su abuelita. Mi mami o mi suegra, lo mismo da.
¿Y la mema? Fue canibalizada. Así es, no todo estuvo perdido. Usé las partes sanas en otra. Nada se pierde, todo se transforma. Si no fuera tan mala jardinera, haría una linda macetita de cactus con el cuerpo. Pero capaz que se seca. No, dejá. Escucho sugerencias.

lunes, enero 31, 2011

Dramma Capilar En Tres Actos

(No he vuelto, sino que he tardado casi un mes en escribir este posteo. Y tengo otros más. Pero esos tendrán que esperar.)
Prólogo

Antes que nada aclaro: no tengo problemas con los rulos. Francamente los adoro (alguna que otra vez me he pasado la planchita o hecho la toca... antes que corran a sacar cuentas, me la hacía mi mamá y es cierto que bien hecha queda mejor que con la plancha). El problema es que se borran en cuanto me peino o cepillo, dejando tras de sí una impresentable masa informe, abultada y llena de frizz. Sí, en cuanto me mojo el pelo vuelven, y esto es fácil en verano, pero en invierno, ¡te quiero ver, brrrrr! Tienen, asimismo, su ventaja: camufla errores de las tijeras (lo que no quita que haya cambiado muchas veces de peinador, y hasta de salón, al darme cuenta de que a todas nos hacían el mismo corte/peinado: todas salíamos con un carré en capas con el brushing hecho).
Pero (y acá viene mi lado esquizoide), aunque los ame, siempre me costó un montón tenerlos sedosos, brillantes y manejables, hasta el día en que desperté a la realidad: ellos me odian. Desde entonces los he atacado con lo que se les ocurra durante trece de los últimos veintinueve años: Que corte, que tintura, que tono-sobre-tono y la mar en coche. "Porque te quiero, te aporreo".