prologo

Los soñadores compulsivos son aquellos que han logrado ir por la vida manteniendo con gran cintura el precario equilibrio entre la realidad real y la virtual, sin que ninguna le joda a la otra. Este espacio fue creado para drenar la testa de una de estas cabezas de chorlito, porque, como dijo el poeta:
"Qué lindo que es soñar, y no te cuesta nada más que tiempo"

lunes, enero 31, 2011

Dramma Capilar En Tres Actos

(No he vuelto, sino que he tardado casi un mes en escribir este posteo. Y tengo otros más. Pero esos tendrán que esperar.)
Prólogo

Antes que nada aclaro: no tengo problemas con los rulos. Francamente los adoro (alguna que otra vez me he pasado la planchita o hecho la toca... antes que corran a sacar cuentas, me la hacía mi mamá y es cierto que bien hecha queda mejor que con la plancha). El problema es que se borran en cuanto me peino o cepillo, dejando tras de sí una impresentable masa informe, abultada y llena de frizz. Sí, en cuanto me mojo el pelo vuelven, y esto es fácil en verano, pero en invierno, ¡te quiero ver, brrrrr! Tienen, asimismo, su ventaja: camufla errores de las tijeras (lo que no quita que haya cambiado muchas veces de peinador, y hasta de salón, al darme cuenta de que a todas nos hacían el mismo corte/peinado: todas salíamos con un carré en capas con el brushing hecho).
Pero (y acá viene mi lado esquizoide), aunque los ame, siempre me costó un montón tenerlos sedosos, brillantes y manejables, hasta el día en que desperté a la realidad: ellos me odian. Desde entonces los he atacado con lo que se les ocurra durante trece de los últimos veintinueve años: Que corte, que tintura, que tono-sobre-tono y la mar en coche. "Porque te quiero, te aporreo".

domingo, diciembre 19, 2010

¡Jo jo jo! ¡¡¡Jodida Navidad!!!

Si esperaban un posteo con toda la buena onda navideña, definitivamente no. Aún recuerdo con cariño armar el pesebre: llegamos a tener 24 ovejas, todos los años comprábamos varias con ilusión. Pero mucha agua ha corrido bajo el puente. De un tiempo a esta parte he ido perdiendo todo entusiasmo posible, de la misma forma que se han ido perdiendo las ovejas del pesebre.
Creo que empezó por aquel lugar común de la infancia: "Cuando sea grande..." Muchas veces imaginaba mis navidades y años nuevos de joven adulta: Brindar en familia a las doce y a la una menos cuarto, a más tardar, rajar a algún lugar divertido. Divertido en serio, aún al costo de viajar como en autito de payaso. Cualquiera que haya pasado las fiestas con el carnaval carioca y las baladas de Quique Villanueva como música de fondo sistemáticamente cada jodidísimo diciembre puede entender de qué hablo.
Otro punto conflictivo: los regalos. Hay infortunados que no hemos sido bendecidos con el don de la oportunidad regalera. No es mala voluntad, no tienen idea de cuánto se sufre recorriendo escaparates con la mente completamente en blanco. Quedamos mal en cumpleaños, día del Padre, de la Madre y del Niño, pero en Diciembre molesta el triple. Y hacemos quedar mal al Niño Dios (¿Papanuel? ¿Cuál papá Nuel?).
¿Y para qué hablar de las ilusiones, deseos y propósitos para el año nuevo, que se mantendrán, como máximo, hasta el 8 de enero, cuando los metamos junto con el arbolito, guirnaldas, luces y bolas de adorno en una caja (por lo general, la del árbol) demasiado pequeña para tanta parafernalia y los arrumbemos en un rincón donde, olvidados, acumularán polvo durante 11 meses?
Ay, malaya... para qué hablé de las luces... recuerdo aquellas con música, y qué hijo de su r3Pu7í5¡m@ madre las habrá inventado. Era IM-PO-SI-BLE apagarles la jodida musiquita, amén de su predecesor, el recontra hijo de una legión de r3Pu7@s creador de las tarjetas musicales. Sí, son muy tiernas, hasta que a los abuelos Jay-Oh (estos no, los otros) se les ocurre armar un arbolito de dos metros treinta (era tan grande que con puntal no entraba dentro de la casa), con tres de ESAS luces y colgarle como adornos ESAS tarjetas... y después te dicen: "Quedate a dormir y volvés a tu casa mañana, que es feriado (olvidé mencionar que ellos lo arman el 7)" Y no desenchufan el Pu70 árbol en toda la noche ¬¬
Pero bueno, ahora todo ha cambiado. Hace siete años que, sistemáticamente, paso la nochebuena en casa de mis suegros (sólo hubo un año, a último momento, el Marqués se enojó y terminamos solitos mi alma en casa). He cambiado a Quique Villanueva por Julio Iglesias. Mátenme.
"Cuando sea grande..." sólo quedó en un sueño de niña. A la una menos cuarto, me preparo para irme... a dormir. ¡Y esto no tiene NADA que ver con Casper, eh! Esto ha sido así siempre. Al menos, desde hace siete años. No me llevo mal con ellos, todo lo contrario, pero... ¡¡¡Hello!!! YO TENGO UNA FAMILIA TAMBIÉN, y estamos desperdigados pero no lejos, nos vemos poco, y nos queremos, y nos extrañamos.
Ah, pero esta es la última Navidad que me jode, he planeado algo para que nadie de ellos la olvide jamás... porque, ni bien suene el batifondo de cohetes, y luego del chin-chin, cuando todos estén de lo más contentos mirando la pirotecnia, diré frente a toda la parentela política las tres palabras mágicas del trailer de "Un novio para mi mujer".
O tal vez no. Tal vez siga siendo tan cobarde como hasta ahora. Pero no me hablen de sueños ni propósitos, porque no tengo ninguno. En este último caso, me iré apartando unos cuantos champús y varios cajones de cerveza stout, no sea cosa que estas fiestas también me encuentren tan sobria como para recordarlas...

martes, noviembre 30, 2010

Películas con olor a tipo

Antes que nada, ¿Recuerdan lo cruel que puedo llegar a ser? Me quedó la duda, no podía ser que no hubiera, y fui a averiguar si podía salir indemne de mi discurso superchamuyero y… Fíjense que sí :). No sea cosa que al Marqués le de por sacarse la espinita que le he clavado (que ya anda con ganitas) y se mande de una y sinmigo (ahí no hay vendetta, ahí directamente LO-MA-TO, al resto del mundo puede ir solo o acompañado por quien se le cante), qué joder.

Hecha la aclaración, arrancamos: todo comenzó con una injusticia, cometida para reparar otra injusticia. Me refiero, en concreto, a los Oscar: ¿Alguien me puede explicar en qué sentido “The hurt locker” (bodrio infumable proyanqui) es mejor película que “Sector 9” (simbiosis de apartheid y ciencia-ficción) o “Avatar” (una patada en la retaguardia de la invasión a Irak)? Y eso son sólo las que yo vi (¿“Preciosa”? dejame de joder, para amarga ya está la vida). Además, la dirigió una mujer, putéenme si quieren, pero la ecuación mina+película de guerra no me cuadra: ¿Alguien vio “K-19, el hacedor de viudas”? ¿Saben quiénes protagonizaron “Valor bajo fuego”? Con una mano en el corazón... ¿les gustó “G.I. Jane”? Si respondieron “no”, ya me comprenden, si tuvieron que googlear, también. Yo tengo mi teoría: tenían que reparar el haberle dado a Titanic (del mismo director de “Avatar”) la estatuilla que no merecía (rubros técnicos nadie discute, incluso mejor director, pero usar tamaña cantidad de excelentes recursos al servicio de una historia pedorrísima fue, como mínimo, pecado), arrebatándosela años después (el circo despiadado de Ben Stiller fue innecesario, fue patear a alguien que estaba en el piso, a sabiendas. Cero gracia nos hizo al Marqués y a mí). Ahora bien, dejemos de lado a James Cameron porque la intro ya es larguísima, yo no soy Axl Rose y esto es un teclado de computadora, no un piano de cola. Y yo estaba pensando en otra injusticia cinematográfica: